1962: Bajo un mismo rostro

Nombre de la película: BAJO UN MISMO ROSTRO
Fecha de estreno: 19 septiembre 1962

REPARTO
Mirtha Legrand
Silvia Legrand
Jorge Mistral
Mecha Ortiz
Ana Luisa Peluffo
Ernesto Bianco
Wolf Ruvinskis
Noemí Laserre
Rodolfo Onetto
Haydée Larroca
Maurice Jouvet
Cayetano Biondo
Aída Villadeamigo
Eduardo Muñoz
Celia Geraldy
Carmen Giménez
Maruja Lopetegui
Semillita
Zulma Grey
Josefa Goldar
Orestes Soriani
Ricardo Florenbaum
Ovidio Fuentes
Esther Velázquez
Luis E. Corradi
Anita Larronde
Olga Walk
Beba Lorena
Martha Atoche
Héctor Malamud
Fernando Siro

Guión: Silvina Bullrich
según la novela Les filles de joie de Guy des Cars

Música: Lucio Milena
Intérprete: Roberto Yanés
Fotografía: Alberto Etchebehere
Montaje: Jorge Garate
Escenografía: Gori Muñoz
Vestuario: Ernesto Lerchundi
Vestuario Mirtha Legrand: Vanyna de War

DIRECCIÓN
Daniel Tinayre

PRODUCCIÓN
Argentina Sono Film

 

CRÉDITOS

 

EN ESCENA

Mirtha Legrand, Silvia Legrand.

 

Silvia y Mirtha Legrand.

 

Haydée La Rocca, Jorge Mistral y Mirtha Legrand.

 

Noemí Laserre, Ana Luisa Peluffo y Mirtha Legrand.

 

Ernesto Bianco y Silvia Legrand.

 

Silvia Legrand y Ernesto Bianco.

 

Silvia Legrand y Mecha Ortiz.

 

Silvia Legrand.

 

Silvia y Mirtha Legrand.

 

Mirtha Legrand.

 

OTROS AFICHES
Francia

 

Alemania
(La monja y el pecador)

 

PRENSA

BAJO UN MISMO ROSTRO

AUDAZ ESQUEMA EN EL TRATAMIENTO DE UN HONDO TEMA

Cuatro factores fundamentales se unen a favor de la atracción ejercida por la película «Bajo un mismo rostro». En primer lugar, el hecho de volver a actuar juntas las hermanas Silvia y Mirtha Legrand; luego la categoría de su director, Daniel Tinayre; además, la concepción audaz de un humano problema y la jerarquía general del elenco que tuvo a cargo la encarnación de los personajes principales de la película.

En este sentido, corresponde citar, además de Mirtha y Silvia, al primer actor hispano Jorge Mistral, la estrella azteca Ana Luisa Peluffo, al laureado actor argentino Ernesto Bianco, y la magnífica actriz Mecha Ortiz, quien, a la sazón, retorna a nuestra pantalla en un papel de significativo valor en el proceso de «Bajo un mismo rostro».

La presentación de esta película en el Festival Internacional de Berlin, obtuvo legítimos aplausos y encendió una viva polémica, según en común que ocurra con realizaciones de Tinayre, dado el descarnado estilo que lo caracteriza. Mucho más en esta oportunidad, en que sobre un tema eminentemente católico, se ha trazado un esquema, como decíamos, de suma audacia, lo cual dará margen, en ocasión del estreno oficial, al redoblamiento de discusiones alrededor de la contextura del film.

En toda forma, pues, un cúmulo de hechos y situaciones favorables al incremento del interés de «Bajo un mismu rostro», producción que revista entre las más singulares de la presente temporada cinematográfica argentina.

FOTO 1: Escena importante del film de Tinayre con Mirtha en acción, junto a la mexicana Ana Luisa Peluffo y la actriz Noemí Lasserre.

FOTO 2: También el vestuario constituye una atracción de esta película. He aquí un modelo hermoso, lucido por la estrella Mirtha Legrand.

FOTO 3: Ernesto Bianco, aquí en escena con Silvia, tiene un importante desempeño en el nuevo film del recio director Daniel Tinayre.

 

Clarín
20 Septiembre 1962

UN MELODRAMA QUE FASCINA

Daniel Tinayre (director) y Silvina Bullrich (adaptadora) manifestaron hace poco que no pretendieron realizar otra cosa que un melodrama al transportar al cine «Les filles de joie», novela de Guy des Cars que narra el extraño caso de dos hermanas mellizas de notable parecido y muy opuesta condición (una es monja y la otra una mujer de vida ligera), las cuales sufren toda suerte de infortunios.

«Bajo un mismo rostro» queda, por tanto, calificado: es un melodrama. Pero ¡qué bien hecho! Sus imágenes destilan oficio en todas las instancias del relato. Podría agregarse «del fascinante relato», porque la historia narrada cautiva al espectador reteniéndolo atento a los hechos y personajes con una riqueza de recursos narrativos como pocos creadores lo consiguen en el cine nacional.

En el caso del director Tinayre esto no es una novedad. La mayoría de sus películas poseen esa virtud, vale decir, están narradas en un lenguaje lujoso, correcto, donde el artista vuelca su sensibilidad sin someterse a otros dictados que los de su saber, desdeñando el pasajero entusiasmo respecto de las escuelas o estilos de moda, vicio corriente en estos últimos tiempos que malogra hasta las producciones de los más experimentados realizadores.

Aquí se trata de un asunto que en su estructura original acusa los puntos vulnerables de cualquier obra del mismo género: grandes golpes de efectos; sensacionalismo; rebuscados enredos; artificioso conflicto espiritual. Una temática, en suma, que no resiste el análisis ni lo busca. Los propósitos es lo que importa considerar y esos propósitos -interesar al público- se logran ampliamente en «Bajo un mismo rostro». Desde las primeras escenas el relato atrapa. Hay misterio, intriga. El prisma con que se enfocan situaciones y personajes sufre bruscos cambios y lo que parecía una verdad, adquiere la textura de…

 

…un error monstruoso. Se asiste a las alternativas del proceso dramático con creciente curiosidad. No es ajena a ese sentimiento la destreza con que el director plantea los hechos, pinta ambientes y mueve los personajes. El plano siempre resulta justo; el tiempo y el ritmo tienen una perfección y una vigencia que terminan por constituirse en verdaderos puntuales de la historia narrada. Solamente los sitios elegidos para la acción (en su gran mayoría naturales), demuestran el acierto del criterio con que se ha encarado la producción de esta película.

En el orden de los intérpretes las bondades comprenden a todo el elenco. Tanto las figuras de relieve cuanto las secundarias ostentan valías ponderables que acreditan una vez más la importancia del rubro en el cine. Es notorio que Tinayre no ha querido arriesgarse en esta materia. ¡Cuántos pasos en falso de nuestro cine deben atribuirse a la ligereza con que se asignan los papeles! El reparto de «Bajo un mismo rostro» es un ejemplo de armonía y también -¿por qué no decirlo?- de astucia.

Las mellizas Silvia y Mirtha Legrand en primer término, revelan que dificilmente habrían podido ser sustituidas en las partes que re presentan. Mirtha hace la mujer de vida airada y Silvia la monja. La responsabilidad mayor la tiene la primera, sobrellevándola con gran disciplina en gestos y tonos, al tiempo que se muestra como una figura de exquisita femineidad. Silvia, a su vez, transmite dulzura y encanto sin esforzarse, con la expresión de su delicado rostro.

Una auténtica creación es la de Ernesto Bianco en su sórdido rufián. Aunque breve, el personaje de Jorge Mistral logra convencer, y lo mismo puede afirmarse de la actriz mexicana Ana Luisa Peluffo. La autoridad de Mecha Ortiz le permite componer con hondura el papel de la madre superiora.

Excelente la fotografía de Alberto Etchebehere, tal vez el trabajo más complejo de su brillante carrera por las dificultades para iluminar ciertos ambientes. Recuerda una frase del prólogo de esta película que «Dios escribe derecho en renglones torcidos», aludiendo a las circunstancias del tema que ha de verse. Con las salvedades lógicas podría afirmarse otro tanto de Daniel Tinayre, su director. El público, más que la crítica, tiene la última palabra.

J.D.

 

MULTIMEDIA

 

TESTIMONIO
Eduardo Lerchundi
Abril, 2018