1951: La orquídea

Nombre de la película: LA ORQUÍDEA
Fecha de estreno: 20 Julio 1951

REPARTO
Enrique Chaico
Eduardo Cuitiño
Diana de Córdoba
Rafael Diserio
Alfredo Distasio
Aurelia Ferrer
Herminia Franco
Santiago Gómez Cou
Laura Hidalgo
Robert Le Vigan
Paola Loew
Maruja Lopetegui
Domingo Mania
Felisa Mary
Liana Moabro
Luis Mora
Juan Carlos Palma
Jesús Pampín
Arsenio Perdiguero
Julián Pérez Ávila
Hilda Rey
Luis Rodrigo
Daniel Tedeschi
Amelia Lamarque

Guión: Ulises Petit de Murat
segúnla obra teatral L’Orchidea de Sem Benelli

Música: Juan Ehlert
Fotografía: Alberto Etchebehere
Montaje: José Serra
Escenografía: Jorge Beghé
Vestuario: Eduardo Lerchundi

DIRECCIÓN
Ernesto Arancibia

PRODUCTORA
Argentina Sono Film

 

FIGURÍN

1. Laura Hidalgo

44.8 x 31.5 cm
17.63 x 12.40 in

 

EN ESCENA

Laura Hidalgo. Fotografía: Annemarie Heinrich.

 

Felisa Mary y Laura Hidalgo.

 

Laura Hidlago y Herminia Franco.

 

PRENSA

SINTONÍA

LAURA HIDALGO, LA MUJER ORQUÍDEA

Un poema de amor y de teatro

Frente a ese rostro exquisito, donde las pupilas cambiantes, claras, abismales, son un contraste con el cabello renegrido, se evocan los nombres de las grandes seductoras del pasado y se piensa en las más bellas mujeres del presente: en Judith de Bethulia erguida como un símbolo desde los versículos bíblicos; en Salomé, la hija de Herodías, envuelta en la apócrifa leyenda de sus sus siete velos; en Cleopatra Tolomea, coronada con la diadema de los dos Nilos; en la misteriosa Belkis, reina de Saba, ‘cuyos ojos eran tan grandes -según Mardrus- que cuando estaba de perfil parecía que miraba de frente»; en la virgen Ifigenia, ceñida de lirios; en Thais, la de los ojos color violeta, y en Salambó, la hija de Amílcar, fijada en en las páginas inmortales de Gustavo Flaubert. Y en todas las otras que han envuelto el mundo con las cintas perfumadas de sus nombres en Carmen, en Manón, en lady Hamilton, en Mme. de Lamballe, en las princesas Colonna y Visconti. Y más adelante -ya en nuestros días- en la divina Cavalieri, que deslumbró -desde “Esclarmonde» y «La Navarraise» el amanecer del siglo. De todas ellas Laura Hidalgo -que acaba de consagrarse en «La orquídea» como la máxima sensación cinematográfica del año- posee algo: es la frente sensitiva, traspasada de borrascas y sin embargo calma; es la mirada aterciopelada de sus ojos color color nogal con estrellitas verdes (ojos como los de Cleopatra, en el soneto inmortal de Heredia: «etoilées de points d’or») y la boca voluptuosa, con algo de enigmático y de inaccesible en las comisuras de los labios.

Laura Hidalgo, cuya belleza despeluznante, acaba de hacer eclosión, como un milagro enceguecedor, en «La orquídea», de Sem Benelli, que Sono Film ha filmado bajo la dirección de Ernesto Arancibia, es hoy -sin duda alguna- la máxima posibilidad femenina del cine argentino.

Decía, hace muy poco tiempo, un director teatral extranjero, asombrándose ante esa figura casi mitológica: «Es más hermosa que María Félix y posee la resonancia espiritual de María Casares». Frase densa en proyecciones, que parecerá exagerada, pero que, al abrirse el abanico del tiempo, se verá confirmada.

En su libro «Reflexions sur la danse la musique», Alejandro Sakharoff, el poeta de la danza, habla de ese misterio impalpable, misterioso, «que se tiene o no se tiene” que él llama sonoridad visual o visualidad sonora. Es precisamente lo que posee Laura Hidalgo: visualidad sonora. Porque esta actriz, que camina, sintiendo la plenitud de sí misma, consciente del asombro, y del poder de su belleza, encuentra en seguida la forma de prolongar, en la sensibilidad de los espectadores, el eco vibrante de su propia personalidad. Esa personalidad que es poliédrica y cambiante -por otra parte-, no surgió repentinamente, como Afrodita del seno del mar; fue la yuxtaposición de muchas experiencias escénicas, de errores vividos y de dolores sufridos.

Ante todo, Laura Hidalgo fue y es una estudiosa. Y, en esa obstinación, en el estudio, está el secreto de su triunfo. Es verdad que su romance con Narciso Ibáñez -que hoy comparte su vida- la reveló así misma y a la admiración de todos; pero también es cierto que había en ella el material para todos los sueños del teatro y del cine.

Narciso Ibáñez -mago y taumaturgo de la escena, que tantos prodigios ha desatado en los dominios de Talía-, se inclinó ante Laura Hidalgo como el botánico sobre una flor exquisita, una rara especie, capaz de todas las evoluciones y de todos los cambios. Así, el amor ha contribuído -como debe de ser- a la formación de esta estrella nueva. Tal, como lo sueñan los adolescentes y los poetas…

¿Cuál fue, antes de la revelación, la parábola de luz que ha llevado a Laura Hidalgo a la cumbre de la fama? Es muy joven y su historia es breve.

En 1949, cuando Armando Bo, buscando una protagonista para la película «Su última pelea», organizó en Sifa un concurso para «news faces», Laura Hidalgo se presentó y resultó triunfadora. Venía – como Golde Flemi y Juana Sujo del teatro «Ilf», donde había estudiado concienzudamente, bajo la dirección de Edith Orilla, y ya había hecho nada menos que «El deseo bajo los olmos», de Eugenio O’Neill.

Llegó con sus grandes ojos azorados, posiblemente, trayendo en las manos un libro de versos y una flor. La cultura de esta criatura, que lee en alemán a Nietzsche y en francés a Mallarmé, se transparentaba, a pesar de su timidez y de su silencio. Así triunfó.

Pero sus principios, no estuvieron a la altura de sus nobles ambiciones; actuó en «Su última pelea», «Juan Mondiola» y «Cinco grandes y una chica». Hasta que Narciso Ibáñez entró en su vida. El gran actor y director, la llevó consigo al Nacional, donde Laura Hidalgo llamó la atención de los críticos en «La muerte de un viajante». de Miller, y en «F. B.», de Enrique Suárez de Deza. A partir de este momento crucial en la existencia de Laura Hidalgo, su carrera entra en la órbita del que había de ser su esposo y admirador.

 

PIE DE FOTO: La bellísima Laura Hidalgo, protagonista de «La orquídea», de Sem Benelli, volverá próximamente a la pantalla encarnando a la heroína de «El túnel», la novela de Ernesto Sábato.
(Fotografía de Annemarie Heinrich)

 

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Marzo, 2018

 

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