1945: La Señora de Pérez se divorcia

Nombre de la película: LA SEÑORA DE PÉREZ SE DIVORCIA
Fecha de estreno: 19 Julio 1945

REPARTO
Mirtha Legrand
Juan Carlos Thorry
Miguel Gómez Bao
Felisa Mary
Tito Gómez
Teresa Pintos
María Luisa Notar
Tilda Thamar
Diego Martínez
Juan Corona
Héctor Méndez
Max Citelli
Aurelia Ferrer
Rita Juárez
Teresita Pagano

Guión: César Tiempo
Basada en La obra teatral Divorçons de Victorien Sardou

Música: George Andreani
Fotografía: Alfredo Traverso
Montaje: Atilio Rampoldi
Escenografía: Ricardo Conord
Vestuario sobre Dibujos de: Edward’s (Eduardo Lerchundi)
Ayudante de dirección: José Herrero

DIRECCIÓN
Carlos Hugo Christensen

PRODUCTORA
Lumiton

 

FIGURINES

1. Tilda Thamar

29.5 x 21 cm
11.61 x 8.26 cm

 

Strap-less y bolero con mangas de pailletes negro y falda de tul blanco creado para Mirtha Legrand.

 

Diseño para Mirtha Legrand

 

Exhibición: «Retazos. Homenaje a Eduardo Lerchundi». Museo del Cine, 2019

 

Exhibición: «Retazos. Homenaje a Eduardo Lerchundi». Museo del Cine, 2019

 

CRÉDITOS

 

EN ESCENA

Mirtha Legrand y Juan Carlos Thorry

 

Tilda Thamar y Juan Carlos Thorry

 

Tito Gómez y Juan Carlos Thorry

 

Mirtha Legrand y Juan Carlos Thorry

 

Juan Carlos Thorry y Mirtha Legrand

 

Max Citelli y Juan Carlos Thorry

 

Juan Carlos Thorry y Mirtha Legrand

 

Mirtha Legrand y Miguel Gómez Bao

 

Marianita Marti, Mirtha Legrand y Juan Carlos Thorry

 

Mirtha Legrand y Teresita Pagano

 

PRENSA

Revista Radiolandia
20 Octubre 1945

ESTE SERÁ UNO DE LOS AÑOS QUE MENOR HUELLA DEJE EN LA HISTORIA DEL CINE

Hablamos, por supuesto, del cine nacional. De este cine nuestro que marcha adelante, por sobre todos los obstáculos, superando en voluntad, en el esfuerzo de todos y cada uno de sus servidores, las vicisitudes de esta época de crisis que, en cine, nuestro país ha sufrido como ningún otro en América.

Veníamos marcando, año tras año, etapas de superación notoria. Desde aquel punto de partida de la nueva y definitiva era de nuestro cine que fueron «Viento Norte» y «La Fuga», va surgiendo potente, capaz, una industria que levanta galerías, que improvisa equipos, que gana intérpretes, que consagra estrellas. Y que un día sale de les cines de segunda línea de la calle Lavalle, para llegar a las salas más encumbradas de la Capital. Aquellas salas que por «snobismo», se resistían a la entrega hacia un material noble, que tenía ya el auspicio formal, sin reservas, de todo el país y de los públicos todos de Latinoamérica.

Las películas se multiplican como por arte de magia. Un director deja el set, filmando día y noche, porque al siguiente comienzan a levantarse los escenarios de otra producción. Llegan capitales al cine. Se forman productoras, día a día. Muchas mueren. Aquellas que encararon la filmación con absoluto desconocimiento de sus posibilidades. Otras, realistas y prácticas, van adelante. Siguen filmando. Y de entre ese conjunto numerosísimo de películas rodadas, muchas malas, otras discretas, aparecen las grandes producciones. Esas como «Así es la vida», «Prisioneros de la tierra», etc., que ganan la voluntad colectiva. Contra las que ni aun la crítica interesada, encuentra reparos. Es el afianzamiento del cine, que de las cuatro o cinco películas filmadas en un año, llega a las sesenta. Y las pasa. Pero de pronto, la guerra. Y comienza entonces la etapa más dura, más esforzada de nuestro cine. Y el proceso de su languidecimiento. Y de su decadencia cuantitativa.

 
LA ETAPA DE LA CRISIS

Situación que se viene manteniendo desde hace ya más de dos años —cuando se acabaron las reservas de celuloide de nuestras filmadoras—, llegó a extremos poco menos que insostenibles. Hace pocas semanas. nos reprochaba un lector, que dijéramos una y otra vez, la inminencia del cierre de los estudios argentinas. Jamás exajeramos en ese sentido. Nadie hubiera sido capaz de hacerlo, sabiendo que con tal exageración, llevaba angustia a miles y miles de hogares argentinos: aquellos que viven de la industria del cine.

Consignábamos sí, en cada una de sus manifestaciones agudas, las etapas cruciales de esa crisis, que en estos momentos es poco menos que total. Se filma, sí. Pero ningún estudio sabe si la película empezada podrá terminarse, porque el celuloide se consigue en escasísimas cantidades. Ni tampoco, sí será posible emprender otras filmaciones, dadas las enormes dificultades que se oponen a la obtención de ese material indispensable.

Que no exagerábamos, lo dicen las cifras de películas filmadas, en los años más recientes. De 55 —filmadas en 1942 — último en que se supera al período anterior, ya que en 1941 se habían filmado 46— se baja bruscamente en 1943 a 36, Y desciende la cantidad más aun, en 1944: 23 películas. Este año de 1945, será inferior aún, a los anteriores, por mucho que se hayan estrenado en su transcurso, varias producciones acumuladas de temporadas anteriores. En el décimo mes del año. se cuentan tan sólo 20 producciones estrenadas. Se verán aún algunas más. Pero de ningún modo podrá llegarse a una cifra siquiera aceptable, como tampoco se llegará, como consuelo al menos, al «standard» cualitativo que se obtuvo en esos años en que el termómetro numérico de nuestra producción comenzó su descenso. Entonces, contra ese número menor, se tuvieron halagos jerarquizados en una calidad no superada anteriormente. Bastarían «Guerra Gaucha», en 1943 y «Su mejor alumno», en 1944, para definir la madurez de este cine nuestro, que en todos los tonos. «Safo», «La pequeña Señora de Pérez», etc., marcaba una superación que parecía definitiva.

 
UN AÑO FLACO EN VALORES

1945 no ha de ser nexo ponderable, en esa cadena de triunfos. No pasará a la historia de la cinematografía argentina, como año de realizaciones positivas.

Se han visto 20 películas hasta el momento. Buenas, muy buenas, mediocres y malas. Pero la película extraordinaria está por verse.

Comienza el año con «Canto del cisne» —en salas de estrenos de la Capital al menos— que tiene calidad. Pero que, siendo de los mismos elementos que generaron el triunfo de «Safo», no alcanza su nivel. En seguida, «Una mujer sin importancia», que no justifica el nombre de Wilde en nuestro cine. Sigue una recia película de Piere Chenal: «Se abre el abismo». En su género, en cambio, resulta una firmísima atracción «Madame Sans Gene», con Niní Marshall. Decepciona, en cambio, «María Celeste» y «Despertar a la vida». No salva a «Rigoberto» ni siquiera la sugestión y la eficacia de Enrique Serrano. Tampoco gusta «Santa Cándida». «La dama duende», en cambio, levanta la puntería. Es un esfuerzo. No cabalmente logrado, pero excelente película. «Allá en el setenta y tantos», pudo serlo y se quedó en promesa. Pero en seguida, «La cabalgata del circo», que vuelve por la ruta en que se afianzó en el interior y exterior el cine criollo, resulta un éxito. Discretamente es recibida «Dos Ángeles y un pecador». Y de pronto, la sorpresa del año: «La señora de Pérez se divorcia», en la que Christensen se supera como director y Mirtha Legrand llega al máximum de la atracción estelar. Pero en seguida, «La amada inmóvil» Y «Villa Rica del Espíritu Santo». Y «Las seis suegras de Barba Azul». Y «Éramos seis». Apenas discretas, aunque en algunas, el esfuerzo haya sido grande. En tono menor llega «Besos perdidos». Después. «Llegó la niña Ramona», de escasísima consistencia y ninguna repercusión. Y por fin, «Pampa Bárbara», en la que se anunciaba la superación de «Guerra Gaucha», pero que no alcanza, ni con mucho, a aquella obra maestra de Asociados.

 
MUCHOS FACTORES CONSPIRAN

Es claro que todo ello está condicionado a una serie de factores importantísimos, que poco a poco han ido dejando a los estudios locales, en inferioridad de condiciones, frente a sus competidores. Hace dos años, que no llega ningún material técnico. Y el cine ha progresado, pese a la guerra. Muchas de sus conquistas, que Méjico ya posee, están ausentes aún de nuestro medio. Tampoco permite la escasez de elementos, lanzar nuevas figuras, nuevas atracciones. Comienza el éxodo de los intérpretes. Y los directores que encuentran aquí tantas dificultades, encuentran abierto el camino de Chile, del Uruguay. O van a Méjico.

Todo coaligado, frente a nuestro cine. A este cine nuestro, de tremenda vitalidad, en el que confiamos por encima de todo, porque sabemos quiénes son, cómo sienten y de qué son capaces, quienes tienen en él papel destacado.
Pero lo auténtico está expresado. 1945 marca el período más grave de este proceso, de esta involución del séptimo arte argentino. Ojalá pudiéramos decir, cuando se cierre 1946, que la mala racha ha terminado. Y que otra vez en acción sus mejores efectivos, otra vez en juego su potencial magnífico, este cine nuestro ha iniciado, por fin, la etapa de su recuperación. Esa etapa que todos estamos esperando, y en la que todos, sin excepción, confiamos plenamente…

 
NUEVO PASO A LA ESPERANZA

Permiten dejar paso, a esa nueva esperanza, factores que no escapan a la perspicacia del lector. que sabe —porque lo hemos señalado muchas veces— cuál es, en verdad, la razón de que no llegue celuloide a Buenos Aires. Y que, en materia de equipos, nuestros estudios sigan como en 1941.

Todo hace creer que una nueva situación se plantea. De concretarse, una de sus primeras consecuencias puede ser la llegada de material. Y de inmediato volverían los «sets» argentinos a trabajar a pleno ritmo. De veinte películas por año, saltaríamos a cincuenta. A las cien que ya estaban planeadas antes de plantearse la crisis.

Y entonces sí la Argentina llevaría a América entera la expresión de su cine. De un cine próspero, de contenido y habla argentina. Y ya se verá, en ese caso, qué pronto se alcanza a México, en esta ventaja que ha sacado en los años de nuestra forzosa decadencia cinematográfica.

 

MULTIMEDIA

 

TESTIMONIO
Eduardo Lerchundi
Marzo 2018

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